domingo, 20 de marzo de 2016

Jeff Buckley en mi sala

Es un cuarto común, salvo que no vivo acá ni en este espacio, ni en esta calle, ni en este país. Es una sala con molduras en el techo que recuerdan lo antigua que es esta casa. La lámpara del techo tiene una pantalla de papel de china, moderna, recordándome aquellas que compré cuando estaba en Madrid y sabía que iba a regresar a mi propia casa. Las ventanas altas y delgadas, tres centrales, dan a la calle y desde acá veo la casa de enfrente, parece sacada de un cuento con su corredor, una puerta pintada de fuscia y una silla mecedora morada. Friday, el pastor alemán que cuido estos pocos días, se acuesta y reniega porque hoy no salimos a caminar. La temperatura bajó a 5 grados y no tengo ganas de salir. En spotify puse un playlist que dice replicar el de mi cafetería favorita -si tuviera alguna-. 

Estoy sentada, en un sillón que no es mío, con los pies en una alfombra que no es mía, disfrutando una vida que no es mía. Nada tan lejano de lo que creo que soy. Pensando en escribir todas las mierdas que vienen a mi cabeza que no tienen nada que ver con la bendita tesis que debería estar escribiendo ahorita. La tesis que me aterra con sus promesas de trascendencia, cuando yo preferiría pasar desapercibida, leyendo lo que otros han escrito y discutiendo dentro de mí los posibles mundos que podría construir... Estoy pensando en esa trascendencia que me aterra desde que Kundera y yo nos encontramos. Y en eso aparece Jeff Buckley en mi cuarto. Alto, lánguido, con la mirada perdida, los jeans desgastados y el pelo largo desalineado... batallando por saberse aquí de nuevo... Tal vez esa melodía de fondo es la que lo materializa frente a mí, y observa inquieto su alrededor, sabiéndose momentáneamente de regreso. Aunque nos conocimos tarde, él ya había muerto y yo había superado los 90s, sin hablar gran cosa nos reconocemos.   Sin intercambiar sonidos, hablamos por un rato... esas grabaciones que hizo hace más de 25 años suenan ahora en los listados más populares y se me rompe el corazón por disfrutar de esa maldita inmortalidad que lo ha alcanzado. Mientras todos los medios hablan de las influencias, los temas que decidió grabar en esos días, de la relevancia en su vida de aquellas canciones... No hay descanso ni privacidad para los muertos que trascienden.  A ambos nos paraliza la misma idea, una trascendencia que no es deseada y que puede llegar de las maneras menos esperadas... 

Algunos optan por la inmortalidad dejando su huella en el pool genético sin pensar que en cuatro generaciones nadie sabrá sus nombres ni sus gustos, mucho menos le recordarán en su cumpleaños aunque siempre lo creyeran un día propio y especial, nadie recordará esas marcas que la vida dejó en sus cuerpos... No, no vamos a caer en esas honduras de nuevo. 

Jeff Buckley me observa detenidamente mientras yo, sin mayor gracia que estar sentada escribiendo, en un sofá morado con mi pijama y chaleco blanco, le devuelvo un suspiro. "That the night comes down, on the same old road" canta Josh Ritter ahora. Y la noche está cayendo en esta cuadra - tal vez incluso sobre toda la ciudad. 

No queda de otra; crear, hacer, y dejar ir... Él no se quedará toda la noche, y éste será mi último domingo en esta cuadra. Y mientras pienso eso, él levanta su guitarra; y mientras yo escribo, él canta "...and after all this time they don't want to believe us, and if they don't belive us now, will they ever believe us?..." No importa, no hay nada nuevo que decir y tal vez sea mejor que nadie nos crea. Tal vez engañamos a todos y logramos escapar antes del final que todos esperan. "Solo asegurémonos de no creernos la farsa", es la advertencia en sus ojos. Lo pienso y pienso, sí puedo pretender pero no por mucho tiempo. Y entiendo el desasosiego que nos une, estando ambos en este breve intercambio... No lo podremos negar por mucho tiempo, el reloj se sigue moviendo y el domingo se acabará pronto. Y así mientras Friday se cambia de lugar para dormir, a mis pies, yo escribo "Jeff Buckley está en mi sala"... y con los primeros golpes en mi teclado, se va... no, si, no... porque así con esta estúpida idea de escribir, nuestro encuentro se hace permanente en la página... y yo me quedo sola, con su voz escondida en el playlist de mi celular.



1406 Linden Avenue
Nashville, TN

20.marzo.2016

sobre el blog

no tiene regla alguna más que el escribir en voz alta... unas veces en español, otras en inglés, sin sancionar el spanglish. algunas entradas serán ficticias, otras personales, muchas más serán permanentes sin-sentidos.